La primera práctica del fútbol argentino en tiempos de coronavirus regaló una postal de fortaleza y superación. Fernando Gago, medias bajas y con el escudo de Vélez pegado al pecho, se reencontró con la pelota y se ilusiona con que, de una vez por todas, las lesiones queden sepultadas en su vida y carrera.

A finales de enero de este año, frente a Aldosivi, el volante sufrió la rotura de ligamentos cruzados de la rodilla izquierda y, luego de tantos traspiés, debió optar por dos caminos: alejarse de las canchas y colgar los botines o seguir batallando contra sus propias falencias físicas y volver al ruedo.

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Por si fuera poco, el de Ciudadela ya había sido castigado por varias lesiones graves en los últimos cinco años. En 2015 y 2016, con los colores de Boca frente a River, padeció la rotura del tendón de Aquiles derecho con un par de meses de diferencia. Pero no hay dos sin tres, dice el refrán, y en 2018, también contra el Millonario, el mismo tendón volvió a desprenderse.

Además, en 2017, se cortó los ligamentos cruzados de la rodilla derecha compitiendo con la Selección Argentina por las Eliminatorias Sudamericanas y en 2020, en el Fortín, fue al piso y la otra pierna le jugó una mala pasada en pleno torneo local.

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Sin embargo, hoy la historia es otra y eso ya quedó en el pasado de Gago, quien, a sus 34 años, sueña con seguir desplegando su talento en una cancha de fútbol y que las lesiones, esas que atentaron contra su clase a lo largo de toda su carrera, lo dejen en paz de una vez por todas.