Lo que está ocurriendo en el Nápoles en estas horas tienes pocos antecedentes en la historia de la Serie A: la plantilla azzurra ayer planeó un verdadero motín, abandonando la concentración que había anunciado este lunes el presidente De Laurentiis.

El máximo mandatario napolitano, debido a los malos resultados de este arranque de curso (en la Serie A marchan séptimos y no sumaban tan pocos puntos desde 2011), decidió concentrar a sus jugadores hasta el domingo: una medida que el vestuario se tomó mal (muchos la semana que viene se marcharán con sus selecciones) y con la que el propio Ancelotti, en rueda de prensa, reconoció no estar de acuerdo.

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Ayer, antes del partido con el Salzburg (que acabó 1-1), los futbolistas le anunciaron al entrenador y al hijo del presidente la decisión de no regresar a Castel Volturno, y se fueron cada uno a su casa. Solo Ancelotti volvió al centro técnico, y, dada la situación muy tensa, decidió no hablar con los medios después del enfrentamiento de Champions, a pesar de las obligaciones UEFA.

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Una situación complicadísima, que nunca se había vivido en el club desde la llegada de De Laurentiis, e inesperada. En la última década los napolitanos siempre lucharon por los primeros puestos de la tabla: llegar a noviembre ya a 11 puntos del primer puesto del Calcio y con la plantilla amotinada, tras un mercado de fichajes que costó más de 100 millones, es algo que nadie habría podido imaginar.