Chillogallo vive días de júbilo. Tuvo que pasar más de una década para que el ídolo del fútbol quiteño vuelva a ser líder de la Serie A. La última vez fue en mayo de 2005 cuando era dirigido por el colombiano Xavier Álvarez.

Se hicieron los cambios a tiempo y ahora su fanaticada se ilusiona con mejores días por venir.

Días después de finalizado el partido ante Barcelona, podemos salir de la euforia y desmenuzar qué mensaje nos deja este Aucas ‘versión Carlos Ischia’ que -por los condimentos que tiene- inexorablemente podría quedar tatuada en el alma y piel de sus fieles hinchas.

Aucas realiza un esfuerzo abismal, apelando más a la garra y compromiso de sus integrantes que a las ideas de un funcionamiento. Afianza bases importantes, como el orden táctico y el gran valor de aprovechar la velocidad y desequilibrio de sus jugadores para contraatacar, de la cual saca réditos significativos.

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El equipo ‘oriental’ no juega mal, simplemente es práctico y no se preocupa por acercarse a los que muchos líricos de este deporte exigen: jugar bien y bonito sin olvidarnos que ante todo es un espectáculo. Un club grande tiene memoria solo para triunfos, detalle que su nuevo entrenador olfateó desde que llegó y eso lo hizo trabajar para caminar hacia el objetivo sin preocuparse cómo hacerlo.

Ischia le dio forma a Aucas con elementos como Álex Bolaños en la mitad de cancha quien generó equilibrio gracias a su recuperación rápida y una transición rápida al ataque. Sus buenos laterales y extremos son ideales para las pretensiones del adiestrador argentino. Desde el pequeño Joao Rojas hasta el experimentado Miguel Ibarra, todos mezclan la potencia, encare y explosividad para poder guía esta tropa que está ávida de un grito que los catapulte a la eternidad.

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El mentor de todo esto es su presidente, Ramiro Gordón, que después de varios años frente al equipo de sus amores fue demostrando cómo se deben perseguir los objetivos con calma y mucha paciencia. Sus gladiadores dentro del campo de juego irradian convencimiento, y eso se lo debemos atribuir al mensaje claro que baja desde su presidente, que jamás traicionó sus ideas, inyectando compromiso y valentía en sus jugadores. Un trabajo correcto, que husmea la excelencia que necesita un equipo ganador.

Mucho se dirá, mucho se especulará, lo que debemos subrayar es que Aucas es un líder legítimo e inobjetable porque mantiene sus principios y nunca los traicionó.

Se viene la recta final y pretenden seguir tumbando pronósticos, deberán tener la capacidad y grandeza para mantenerse y poder así seguir luchando por su tan ansiada primera corona.