Así como en todos los aspectos de la vida, en el fútbol se sufre, y se sufre mucho.

En la vida futbolística de un club de fútbol profesional hay que agotar muchas etapas. La máxima aspiración de un club es conquistar un torneo internacional, pero para llegar a esto hay que sufrir, sufrir los buenos momentos y sufrir más aún los malos. Utilizo la palabra “sufrir” porque es ahí donde encontramos el verdadero sentido de las alegrías y sobretodo de las tristezas y de los reveses.

Emelec es un club que ha sabido respetar y trabajar sus etapas. Forjó su historia y su tradición a través de los campeonatos nacionales, ganando prestigio y reconocimiento con los títulos que obtenía. Ya en su historia reciente decidió dar un paso más, para esto tuvo la visión de adelantarse a lo que podría ocurrir con el fútbol mundial. Evolucionó en todos los aspectos y asumió que se debe trabajar en presente para crear su propio futuro. Esta filosofía la trasladó al primer equipo.

Los azules han sufrido y en el primer equipo no todo ha sido alegrías. Cuando implantas un modelo diferente que exige un trabajo comprometido, en el cual además no verás resultados inmediatos, es una idea que siempre choca al principio. Ha habido muy malos ratos, muchos tropiezos, decepciones y errores. Las etapas de sufrimiento son las que le han dado carácter al equipo. Las tentaciones para cambiar el rumbo han sido muchas y llegaron antes que las recompensas. Aquí la clave fue la paciencia, la determinación, la seguridad y la lealtad a una idea, a un proceso y a un objetivo.

Dicho esto no podemos ni debemos desmerecer la actuación de Emelec en esta Copa Libertadores. Llegar a una instancia de cuartos de final siempre tendrá su mérito. No ha sido el equipo perfecto y ciertamente no ha estado exento de errores, pero sí ha sido un equipo luchador y que supo aprovechar las oportunidades que tuvo. Aquí quiero proponer algunos puntos que quedan para el análisis:

Si me preguntan a mí no creo que la directiva haya armado un equipo para ganar la Libertadores. Digo esto porque después del campeonato nacional anterior se mantuvo a la plantilla y fue poco (muy poco) lo que se contrató. Esta es la causa para la siguiente consecuencia:

A Emelec le faltó plantilla, tanto en calidad como en cantidad. La cuota extranjera no respondió a la palabra “refuerzos”. La base nacional jugaba a un ritmo distinto, mientras que los extranjeros se quedaron atrás. No han dado la talla Herrera, Fernández, Mondaini, ni tampoco Escalada. Han sido jugadores más de jugadas o partidos puntuales, que verdaderos referentes. Su fútbol ya no alcanza para instancias finales de una Copa Libertadores.

Las bajas, las lesiones y las expulsiones estuvieron a la orden del día. El desgaste te pasa factura y te agota. Al no haber recambio con jugadores de nivel se tuvo que improvisar jugadores y también posiciones. Cuánta falta hizo Giménez y cuánta falta Mena en el último encuentro ante Tigres.

A Emelec le faltó transición. Careció de un jugador creativo y armador de juego. Que pusiera el pie sobre la pelota en mitad de la cancha, levante la cabeza y juegue para adelante. La pelota llegaba muy rápido a los pies de Miller o Mena, pero no siempre con precisión ni con claridad. Faltó la pausa.

El último toque, el último pase, y la definición. Se falló lo que luego se lamentó. Una gambeta de más, un regate innecesario, un remate desviado. Perder la pelota en la última instancia y no poder definir fue una constante que hay que corregir.

Es cierto que se perdió la llave ante un Tigres que en mi concepto tuvo un juego muy pobre. Pero no hay que confundir la eliminación de la Copa Libertadores con todo lo que se ha avanzado. Se ha ganado un estilo de juego, se ha jugado con carácter, se ha sido fiel a una idea y se ha pisado firme. Se trata de no cometer los mismos errores y de repetir aquello que sí se hizo bien.

Los torneos no se ganan a la primera y para reafirmar esto solo basta con mirar y buscar a los clubes de todo el mundo. No hay que cambiar la senda, hay que seguir trabajando; pero también corrigiendo que es igual de importante. La única forma de llegar a ser grandes es sufriendo.

 

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Por: Ab. Sylvia Meneses Echeverría
Máster Internacional en Gestión y Marketing Deportivo
Twitter: @pilumeneses