Novak Djokovic pudo celebrar su victoria 400 en Grand Slam, ampliando uno de sus numerosos récords. A sus 38 años igualó las dieciocho presencias de Roger Federer en octavos de final del Open de Australia, superó el empate a 69 con el suizo en el total de Grand Slam. Está en disposición además de superar el número de triunfos del de Basilea en Melbourne: 102-10 para el balcánico, su ilustre colega se retiró con balance de 102-15.
Otro éxito más de ‘Nole’, que casi tira por la borda con otra acción imprudente. Rozó la descalificación. Se libró por milímetros, los que separaron la pelota del cuerpo de la recogepelotas. De haber habido impacto, la regla es clara: eliminación instantánea.
En el US Open 2020 se fue a la calle porque la bola fue directa al cuello de una jueza de línea, situada en el fondo de la cancha. En un arrebato del temperamental Djokovic, sin medir las consecuencias, ciego de ira, pegó un raquetazo violento a una pelota, con el juego parado. Hacia el lateral de la otra parte de la pista, sin medir la presencia de la niña. Risa floja del juez de silla, consciente de lo que se podía haber desencadenado.
En Nueva York estaba por debajo en el marcador ante el español Pablo Carreño. En Melbourne tenía el partido controlado ante el neerlandés Botic Van de Zandschulp, dominaba 6-3, 4-2, iguales. Pero se había enfadado consigo mismo, y su equipo (con el futbolista español Juan Mata como invitado especial en el box), tras dejar escapar una ventaja de 3-0, haberse despistado cuando su rival fue atendido del hombro derecho.
Típico en Djokovic, una bestia competitiva que se alimenta muchas veces de esos enfados de exigencia máxima. Se descontroló unos instantes, el azar le benefició esta vez. No tocó a la recogepelotas, siguió jugando camino de los octavos de final.
Djokovic derrotó a su verdugo en Indian Wells 2025, Botic Van de Zandschulp, por 6-3, 6-4 y 7-6 (4) en 2h.44′, salvando dos bolas de set con 5-6 en el último. Bajo techo porque se aplicó el Protocolo de Calor Extremo. Se enfrentará, el lunes, al checo Jakub Mensik o al estadounidense Ethan Quinn.
Djokovic también superó un incidente físico. Sufrió, en los comienzos del tercer set, un mal apoyo, necesitó asistencia médica, con 2-1, en su pie derecho. Precaución también contra las ampollas, como dio después.
Un destrozo importante del balcánico: en lo deportivo, derrumbando la resistencia de un adversario con fama de ‘matagigantes’ (el último verdugo de Rafa Nadal, también sorprendió a Carlos Alcaraz). En la parte emocional, peleándose con todos.
Consigo mismo y también se las tuvo con la afición, cansado de que hubiera gente que hablara entre primer y segundo saque. Mandó callar a la grada después de salvar el primer punto de set en contra. Sopló como si ayudara a que se fuera la devolución del rival para remontar la segunda e ir al ‘tiebreak’. Crispado pero a la vez centrado en evitar más problemas, cerrar su clasificación, pese a las dos dobles faltas en la muerte súbita, una con punto de ‘match’, el primero. Y volvió a llevarse la mano al oído, hacia la gente, y tocó el violín con la raqueta, un guiño a su hija Tara.
TOMADO DE MUNDO DEPORTIVO
Into the tiebreak in the 3rd set 😮💨 pic.twitter.com/sOm1GDErcJ
— #AusOpen (@AustralianOpen) January 24, 2026



