En una final histórica y cargada de dramatismo de la Copa Africana de Naciones 2025, disputada este 18 de enero de 2026 en el estadio Prince Moulay Abdellah de Rabat, Sadio Mané se convirtió en el protagonista absoluto más allá de lo deportivo. La figura de Senegal explicó las razones por las que se negó a abandonar el campo junto a sus compañeros durante un polémico episodio arbitral que casi termina en tragedia para el fútbol africano.
La escena ocurrió en el minuto 98 del tiempo reglamentario, con el marcador 0-0. Tras una revisión del VAR, el árbitro congoleño Jean Jacques Ndala señaló penal a favor de Marruecos por una supuesta falta de El Hadji Malick Diouf sobre Brahim Díaz. La decisión desató la furia senegalesa: el seleccionador Pape Thiaw ordenó a todo el equipo retirarse del terreno de juego en señal de protesta, y la mayoría de los jugadores —incluido el cuerpo técnico— se dirigió al vestuario.
Sin embargo, Mané se quedó solo en el césped. En declaraciones posteriores al partido —que Senegal terminó ganando 1-0 en la prórroga gracias a un gol de Pape Gueye y a la atajada de Édouard Mendy al lanzamiento de panenka de Brahim Díaz—, el astro senegalés justificó su postura con palabras que ya circulan por todo el mundo:
“Como el árbitro puede equivocarse, no es justo juzgarlo. Y lo más importante, lo hice por la gente de todo el mundo; querían ver el partido… La decisión de entrar fue tomada por todos. Pero yo decidí sacar a todos al campo.”
Con esa frase, la estrella dejó claro que, aunque la retirada fue una postura colectiva impulsada por la indignación (y apoyada inicialmente por el cuerpo técnico), él asumió la responsabilidad personal de revertir la situación. Corrió al túnel, convenció a sus compañeros de regresar y evitó que el partido se diera por perdido administrativamente —lo que habría entregado el título a Marruecos— o que se aplicaran sanciones graves a la federación senegalesa.
El gesto de Mané no solo salvó el encuentro, sino que permitió que la final continuara y que Senegal levantara su segundo título continental en pocos años, en medio de un ambiente de alta tensión y reclamos arbitrales por ambos lados (incluida una previa anulación de gol senegalés).
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