La LFP oficializó ayer que la Ligue 2 contará con 22 equipos la próxima temporada. Lo formalizó tras una votación muy igualada en la que el 55 % del Consejo de Administración votó a favor de esta decisión. No obstante, tras el anuncio de la medida, la tensión se ha incrementado dentro del fútbol francés y más en los equipos de la Ligue 1.

Olivier Sadran, presidente del Toulouse, descendido a la Ligue 2 a falta de diez jornadas de la finalización de la Ligue 1, ya ha criticado la medida. El máximo mandatario del conjunto francés considera inapropiado que la LFP permita que no haya descensos en segunda división, pero sí en primera.

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La decisión de dar por concluida la temporada en Francia a través del criterio de ponderación de puntos se votó en abril y en una asamblea completamente distinta a la de la Ligue 2. No obstante, Jean-Michel Aulas y Bernard Joannin, presidentes de Lyon y Amiens respectivamente, ya han presentado apelaciones a la jurisdicción francesa para intentar que la Ligue 1 no acabe de la forma implantada por el máximo organismo profesional del fútbol francés.

Entre tanto, la tensión se incrementó ayer por la tarde en la reunión de presidentes de la LFP. Bertrand Desplat, presidente del Guingamp y Jacques-Henri Eyraud, presidente del Marsella, casi llegan a las manos tras una discusión de mucha intensidad en la que Desplat recrminó a Eyraud la distribución de los derechos de los clubes de Ligue 1. Los equipos de la primera división del fútbol francés tendrán mayores ayudas económicas que los de segunda, por lo que el Marsella saldría beneficiado y el Guingamp muy perjudicado. Sin duda, una escalada de tirantez en un fútbol francés que no volverá hasta agosto como mínimo.

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