Sin club, entrenando con otros jugadores libres y con problemas financieros. Así resultó aquel primer semestre de 2009 para el argentino Esteban Dreer, quien hoy daría cualquier cosa por defender el arco de Ecuador en la Copa Mundial de FIFA Rusia 2018™.

Dreer, de 35 años, recuerda ese tiempo vívidamente. "Venía de pasar un año y medio a préstamo en Lituania, y aunque sólo había jugado los últimos cuatro meses, nunca pensé que no tendría lugar en Arsenal, mi equipo en Argentina", dice a FIFA.com.

"Eso fue a fines de 2008. Tras las Fiestas, mi representante me sugirió entrenar en un centro de alto rendimiento al que iban otros jugadores sin contrato. Y acepté".

Mentalmente fue difícil. "Si bien en Lituana al principio no atajé y estuve mal, terminé jugando pre Champions, Copa de la UEFA y salí campeón… De eso pasé a que me lavara la ropa mi mujer, a hacerme el bolso yo y a jugar contra otros futbolistas libres o ser sparring de equipos profesionales".

Lo económico no ayudaba. "Con lo que ahorré pude a comprarme un departamento, pero no sobraba nada y hasta tuve que pedir prestado. Vivía lejos del predio y veces no tenía para el peaje, pero nunca dejé creer en mí o de entrenarme. Fui hasta con fiebre".

La reapertura del mercado de fichajes trajo opciones en clubes de Tercera, pero Dreer aspiraba a más. Entonces llegó ese partido ante Lanús, que venía de ser 3° en la Liga, y la oferta de Deportivo Cuenca de Ecuador.

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"Venían de verme ante un equipo de libres, pero contra Lanús anduve bien y ganamos 1-0. Ahí me hicieron la oferta. No era mucha plata, pero la apuesta valía la pena. Y me salió bien".

De selección

Dreer destacó rápido y el Cuenca pasó de no pelear por nada a ser subcampeón. "A los seis meses les decía a mis compañeros: ‘Voy jugar en la selección… Hasta el himno de Ecuador voy a cantar'".

Ese ‘chiste/deseo’ creció tras su traspaso a Emelec en 2011, cuando tramitó la nacionalización. Allí coincidió con Gustavo Quinteros, hoy seleccionador ecuatoriano, con quien ganó dos títulos y fue elegido el Mejor Arquero en 2013 y 2014.

No extrañó que Dreer integrara la primera lista de Quinteros como técnico de Ecuador en marzo de 2015, que fuera a la Copa América de Chile o que debutara en noviembre, por las eliminatorias en Venezuela, por un lesionado Alexander Domínguez.

El Rifle recién se ganó el puesto en octubre de 2016, cuando ya había quedado atrás ese inicio arrollador en el clasificatorio sudamericano y el técnico buscaba revitalizar al equipo.

Un equipo que, tras perder ambos compromisos en marzo, marcha 6° en las posiciones, afuera de los puestos de clasificación directa o repesca para Rusia 2018.

"Cuando miro la tabla me da bronca y tristeza. Caer con Colombia en casa nos cambió todo, no lo esperábamos. Veníamos de jugar bien en Paraguay, pese a perder, y estábamos tranquilos, pero con Colombia jugamos mal. Igual confiamos en recuperar la regularidad".

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Tiempo no sobra: Ecuador visita a Brasil y recibe a Perú. "Hemos hechos buenos partidos en Argentina, Uruguay y Paraguay, y con todo el respeto por Brasil, puede pasar cualquier cosa".

"En Quito hay que ganar. Sacar cuatro puntos nos permitiría llegar al final con chances. Y este equipo, por sus jugadores y el fútbol que practica, se lo merece".

El destino quizás quiera que Ecuador defina su suerte en la última jornada contra Argentina en Quito. Dreer no tiene sentimientos encontrados.

"No me moviliza nada. Nací allá pero a Ecuador le debo todo futbolísticamente, y si hoy sigo siendo profesional es gracias a este país. Voy a dar la vida por llegar al Mundial".

Dreer, en puntos suspensivos

–        Arquero por… "Convicción, aunque cuando me retire, a los 40, voy a jugar de ocho para enganchar y patear al arco".

–        De chico idolatraba a… "Carlos Navarro Montoya. Tenía 13 años e iba a la Bombonera para ponerme detrás del arco donde atajara y copiarle cómo sacaba con el pie. Hoy lo hago muy bien".

–        Hoy admira a…: "Neuer y Ter Stegen, por cómo juegan con los pies. Reciben el pase atrás y tienen recursos. Son un jugador más".

–        En los momentos difíciles lo mantuvo a flote… "Mi esposa Mariela, mi hijo Felipe y la fe en Dios".