Un lunes lleno de actividad social vivió la Selección de Ecuador. Alejado de la cancha de entrenamiento, distendido y muy sonriente, el equipo Tricolor se dio tiempo para visitar la Asamblea Nacional y el Palacio de Carondelet.

Recibió afectos y cariños. La Plaza Grande se convirtió en un estadio con los gritos de la gente. Cada jugador sintió la buena vibra de los hinchas, como para templar el espíritu y redoblar la fe. Los políticos y asambleístas hicieron un alto a su actividad normal, y se dieron un festín sacándose fotos con jugadores y técnicos.

Medallas y reconocimientos al por mayor. La titular de la Asamblea, Gabriela Rivadeneira, rompió el molde con su emocionado discurso. Aplausos y gritos. Hasta los ex-mundialistas Ulises de la Cruz y Agustín Delgado, dejaron sus curules para fotografiarse con los seleccionados. La cara bonita de la política en su máxima expresión.

Todos arropados por los colores de la Selección. El equipo que une. A pocos días del Mundial hasta Carondelet se vistió de gala para recibirlos. El Presidente Rafael Correa compartió el almuerzo y le deseó lo mejor a cada uno de los mundialistas tricolores.

Recibió su camiseta con el nombre Rafael en el dorsal. Luis Chiriboga se le entregó. Antonio Valencia también habló y sus sentidas palabras mezclaron fe y la memoria del Chucho Benítez.

Rueda sintió el respaldo que venía reclamando, aunque todavía no da lista definitiva, seguramente después de ello pensará distinto. La selección socializó con los 2 poderes políticos del estado: Asamblea y Presidencia.

Que eso sirva para hacer fuerte el compromiso con la gente, aquella que no sale en las fotos ni entrega condecoraciones, pero es el máximo juez del fútbol en éste país. El pueblo futbolero también es poder.

POR CARLOS VICTOR MORALES

Cortesía Diario Súper

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