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Fuente: Diario Olé

De la final en Santiago al final de Santiago como sede hay una distancia mínima. Desde el orden sintáctico, sí, pero sobre todo un trecho ínfimo basado en los hechos reales. El estallido social en Chile, con epicentro en la capital, no afloja: este lunes hubo cientos de miles de manifestantes en la Plaza Italia que pidieron por la renuncia del presidente Sebastián Piñera y se bancaron otra represión de los carabineros y hasta un sismo de 6.3 en la escala Richter que se registró durante otra marcha en reclamo por los derechos del pueblo chileno. El contexto no da para pensar en fútbol, claro. Tampoco para jugarlo. Como dijo el propio Gallardo, aunque el partido que van a disputar River y Flamengo sea una final, “pasa a segundo plano” al lado de lo que está sucediendo en el país trasandino, con decenas de muertos y miles de heridos.

El fútbol, sí, está en otro plano. Pero River, Flamengo y los miles de hinchas argentinos y brasileños que están dispuestos a viajar a alentar a sus equipos en la final prevista para el sábado 23 necesitan una definición urgentePor eso, en estas horas se informará si Santiago organiza la final única de la Libertadores o, tal como parece, no. Podría, de hecho, definirse este martes: la Conmebol citó para la tarde para una cumbre en su sede en Luque a D’Onofrio, a Rodolfo Landim, su par de Flamengo, a Chiqui Tapia, a Rogério Caboclo, presidente de la CBF, y a Sebastián Moreno, capo de la ANFP chilena, que aún no confirmó si podrá asistir de manera presencial o si, por la situación en su país, participará por videoconferencia. Todos ellos, junto a Alejandro Domínguez, Gonzalo Belloso (ladero del presidente y secretario de Conmebol) y Federico Nantes (director de competiciones de clubes de Conmebol) tendrán una cumbre clave para definir el futuro de la final.

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A pesar de que algunas autoridades chilenas por ahora se mantienen firmes en la posición de querer y poder organizar el partido, la situación general los contradice claramente. Y el intendente de Santiago al menos puso un manto de duda. La Conmebol, que hasta último momento esperó a que sea el propio gobierno de Piñera el que bajara a Santiago como sede como hizo con las cumbres de la COP25 y la APEC, podría ser la que finalmente tome la decisión. Para eso convocó a los clubes y a todas las asociaciones implicadas: busca consenso y respaldo en lugar de optar por una decisión unilateral como la que tomó (por mucho menos) el año pasado cuando llevó el River-Boca a otro país y a otro continente. Ahora, en conjunto, verán cómo desarticular la sede de la forma menos costosa y traumática en lo legal.

Claro, la Confederación Sudamericana no quiere ganarse un problema con el gobierno de Chile y asumir el lucro cesante por el incumplimiento de los convenios comerciales que implican la organización del partido, pero la situación está del lado de Domínguez y compañía: hace tres fines de semana que no se juega al fútbol del otro lado de la cordillera y aunque la intención de Piñera y la ministra de Deportes Cecilia Pérez es que esta semana se reanude la liga, nadie puede asegurar que eso vaya a suceder. “La idea es volver al fútbol, pero no a cualquier precio”, dijo este lunes Moreno (presidente de la Asociación chilena), que podría definir otra postergación, en consonancia con lo que manifiestan los propios futbolistas. Jorge Valdivia, por caso, propuso la “suspensión definitiva del torneo”. Por si fuera poco, ahora volvió a viralizarse, con más detalle, una convocatoria para boicotear la final, ahora con la participación de distintos grupos sociales, incluidas las barras de Colo Colo, Universidad de Chile y Católica, entre otras. Y hasta algunos auspiciantes principales de la Copa dieron de baja concursos por entradas hasta que haya certezas sobre la sede…

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Cuanto antes la Conmebol debe ponerle un punto final al tema. Por eso, según pudo averiguar Olé, desde hace algunos días prepara por lo bajo la posibilidad de la Nueva Olla en Asunción, que ya está acondicionada para la final de la Sudamericana entre Colón e Independiente del Valle que se disputará este sábado. También se mencionó a Miami (una plaza que tienen en la manga las empresas que trabajan en el desarrollo estratégico y comercial de Conmebol), Barranquilla, e incluso volver a las finales ‘con partido de ida y vuelta’ (como hasta la última edición) como opciones. Incluso es potable un cambio de fecha: del 23/11 podría pasar al 30 para ganar una semana más, versión que va tomando cada vez más fuerzas. Todavía no hay confirmación oficial, claro, pero más de un indicio. Y todo apunta a que la primera final única de la Libertadores, en este contexto, tendrá entonces nueva sede.

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Si la final pasa al 30, ¿postergará contra Newell’s?

El posible traslado de la sede para la final y su consecuente cambio de fecha del 23 al 30/11 generaría una modificación en el calendario de River. Porque mientras el domingo recibe a Central por la Superliga, el jueves 14 viajará a Córdoba para disputar la semi de la CA frente a Estudiantes (BA), lo que podría significar el último juego oficial antes de la finalísima ante Flamengo ya que por el torneo local ya debió postergó el duelo con Independiente.

Aunque ahora, en caso de que la definición de la Libertadores pase al 30, también deberá pasar el compromiso ante Newell’s para más adelante. Esa situación puede suponer un dolor de cabeza para Marcelo Gallardo, dado que tendría dos semanas sin competencia en la antesala del choque ante los brasileños. Pero en caso de acceder a la final de la CA, la misma podría jugarse en la semana del 18 al 22 de noviembre.

A última hora también surgió la posibilidad de llevar el partido final a Medellín. En Conmebol no descartan ninguna hipótesis y estudian las características del estadio para no dejar afuera ninguna variante.