La carta emotiva de Willian Pacho: el día que debutó en Primera y se enteró de la muerte de su madre
El defensa ecuatoriano Willian Pacho ha compartido una carta conmovedora en The Players Tribune en la que relata uno de los momentos más duros ya la vez significativos de su vida: el día en que debutó como profesional y, al mismo tiempo, perdió a su madre.
En el texto, Pacho recuerda cómo su entrenador le comunicó que iba a debutar con el primer equipo. Inmediatamente intentó llamar a su madre para darle la noticia, pero ella no contestó. Antes de dormir, le envió un mensaje:
“Mañana voy a jugar. ¡Voy a debutar con el primer equipo! Voy a convertirme en jugador profesional. No te acuestes muy temprano, ¡TIENES QUE VER EL PARTIDO!”
Al día siguiente se despertó con una avalancha de mensajes y llamadas perdidas de familiares y amigos. Todos hablaban de su madre, ofrecían condolencias y rezaban por él. En pánico, llamó a su hermana:
“¡Mamá! ¡Mamá! ¿Qué ha pasado?”
Ella intentó calmarlo: “No seas loco. Es solo una mentira. Está bien. Está descansando. No te preocupes. Hablamos después del partido”.
Pacho fue al partido con un único pensamiento: “MAMÁ ESTÁ VIENDO LA TELE. Tienes que ganar cada balón por ella”. Jugó muy bien y el encuentro terminó 0-0. Ansioso por llamar a su madre para decirle “LO LOGRAMOS, MAMÁ”, salió del campo. Entonces su entrenador lo tomó del brazo y lo llevó a una habitación junto al psicólogo del equipo.
Allí lo esperaban su padre y su cuñado. Le comunicaron que su madre había fallecido esa misma mañana.
Todos lo sabían desde temprano: el cuerpo técnico, su familia… Nadie se lo dijo para que pudiera cumplir su sueño. Pensaron que era lo que ella habría querido.
“Lloré de dolor. Lloré como nunca antes. Nunca me he sentido tan solo en toda mi vida”.
La carta de Pacho ha conmovido a miles de personas y pone de manifiesto la fuerza y el sacrificio que marcaron el inicio de su carrera profesional.
Más detalles de contar lo sucedido:
trajo del hospital a casa en Esmeralda, y eso es lo que vieron. Está descansando. No te preocupes. Hablamos después del partido”.
Como habíamos quedado en que la iban a llevar en la ambulancia, le creí por completo. Fui al partido y lo último que pensé antes de salir a jugar fue en ella. “Mamá te está mirando por la tele. Tienes que ganar cada pelota por ella”.
Recuerdo que jugué muy bien. Quedamos cero a cero. No podía esperar para llamarla y decirle: “Lo logramos, mami”.
Cuando estaba por dejar la cancha, el profesor me tomó del brazo y me llevó a una sala al lado del camerino, junto con el psicólogo del club. Pensé que me iban a felicitar y decirme que tenía que mantenerme humilde y todo eso. Cuando abro la puerta, me estaban esperando mi cuñado y mi papá.
-¡¿Qué pasa?!
Ahí me dicen que mi madre había fallecido. Que se había ido esa madrugada.
Todos lo supieron durante todo el día. Todos. Mi entrenador, mi familia…
No me habían dicho nada para que yo pudiera cumplir mi sueño. Pensaron que eso es lo que ella hubiera querido y me dejaron jugar.
Lloré del dolor. Lloré como nunca antes..
Nunca me sentí más solo en la vida.
¿Por qué me sacan a la persona que más amo en el mundo? La única persona en la que puedo confiar. Mi razón de ser. ¿Por qué a mí? ¿Por qué, por qué, por qué, por qué?”
Sólo… ¿por qué?
Me pidieron que me fuera a cambiar, pero no quise. “No, me quiero ir, me llevan donde ella ahora mismo”.
Me quedé con el uniforme sucio y todo sudado y salimos. Lloraba, lloraba, se me encogían las piernas, me dolía el pecho, los pulmones, estaba en shock.
Tres horas por la cordillera, que se sintieron como 10, un camino súper largo, no llegaba más. Si nunca has estado en Ecuador, no tienes idea de cómo se siente conducir por los caminos de montaña por la noche. Estás en una montaña rusa a oscuras. No hay guardrails. Si paras para orinar, estás orinando al borde del mundo.
Recuerdo que tuvimos que parar muchas veces. Se sentía como si necesitara ir al baño cada 30 segundos.
“Perdón, detiene el carro”
Había estado tan preocupado de no coger calambres durante el partido que había tomado muchísima agua. La primera vez que paramos, me acuerdo que fui al borde de un acantilado bajito y pensaba: “No puede ser que se haya ido. Esto debe ser un mal sueño”.
La segunda vez que paramos, me fui otra vez a la cornisa, miré al horizonte y estaba todo completamente negro. El abismo y nada más. Y ahí tuve este pensamiento muy oscuro.
“¿Y qué pasa si ahora me tiro?”
No. Por favor.
“¿Qué pasa si nada más doy un paso adelante? Y todo esto desaparece.”
No. Por favor. Estás loco.
“Pero cómo puedo seguir sin ella? Podría estar con ella. Podría ser tan fácil. Nada más un paso”.
La cuarta vez que paramos, me acerqué todavía un poco más. Tenía tanto dolor que ya ni siquiera podía llorar.
Recuerdo que miraba al precipicio y pensaba…
Mamá, no quiero estar aquí sin ti.
Mi cuñado y mi papá se dieron cuenta de que algo no estaba bien. No dijeron nada, pero a partir de ahí, cada vez que parábamos, se bajaban conmigo y se quedaban a mi lado, sosteniéndome. Les agradezco a Dios por ellos. No sé si de verdad hubiera saltado…
Pero solo pensar en eso todavía me da mucho miedo. Sé que tengo mucho riesgo como futbolista por contar esta historia, pero lo estoy haciendo por todos los niños a los que le toca perder un padre o una madre a una edad temprana.
Es una herida que sólo nosotros podemos entender. Una herida que nunca sana..
Llegamos a casa bien temprano por la mañana. Nuestra casa estaba al final de un callejón sin salida, y la calle estaba repleta de carros de todos los vecinos y la gente que llegaba desde todos lados para darle el último adiós. Había tantos carros que tuvimos que parquear más lejos. Me bajé y fui caminando por la calle, todavía con mi uniforme sudado puesto.
“Recuerdo mirar hacia el abismo y simplemente pensar…
Mamá, no quiero estar aquí sin ti. La estrella de @PSG_inside, Willian Pacho, aprovecha este momento para contar su historia de duelo, salud mental y redención. https://t.co/vpNVwnKj96
— The Players’ Tribune (@PlayersTribune) 10 de agosto de 2026


