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El presidente de la Federación Italiana, Gabriele Gravina, renuncia a su cargo tras el fracaso la ‘azzurra’

El presidente de la Federación Italiana de Fútbol (FIGC), Gabriele Gravina, ha dejado su cargo tras más de siete años al frente de la institución. La decisión se produce en medio de una profunda crisis provocada por la eliminación de la selección italiana en la repesca ante Bosnia y Herzegovina (1-1, 4-1 en penales), que confirmó la tercera ausencia consecutiva de la Azzurra en una Copa del Mundo (Rusia 2018, Qatar 2022 y ahora Estados Unidos-México-Canadá 2026). Pese a que inicialmente Gravina se resistió a dimitir y convocó un consejo federal de emergencia, la fuerte presión del Gobierno italiano —encabezada por el ministro de Deportes Andrea Abodi— y de gran parte del mundo del fútbol obligaron a un cambio en los vértices de la FIGC.

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Este nuevo fracaso mundialista ha puesto de manifiesto la grave crisis estructural del fútbol italiano. Una selección que ganó cuatro Copas del Mundo y la Eurocopa 2020 ha quedado fuera de los tres últimos Mundiales, dejando a toda una generación de niños y jóvenes italianos sin ver a su equipo nacional en la máxima cita del fútbol. La derrota en Zenica, donde Italia cayó en la tanda de penales tras empatar en el tiempo reglamentario, ha sido la gota que colmó el vaso y aceleró las demandas de una refundación profunda del sistema.

Pronto también podría salir el actual entrenador, Gennaro Gattuso. Aunque Gravina le pidió públicamente que continuara al frente del equipo y elogió su trabajo, el técnico ya ha sido vinculado con una posible salida inmediata. Varios nombres de peso, como Roberto Mancini o Antonio Conte, suenan ya como posibles reemplazos. El fútbol italiano encara ahora un proceso de renovación urgente de sus dirigentes y de su proyecto deportivo para intentar revertir una de las peores crisis de su historia centenaria.

NTF