La ejecución del joven luchador iraní Saleh Mohammadi, de apenas 19 años, ha generado conmoción a nivel internacional, luego de que fuera ahorcado por el régimen de Irán en medio de un contexto de protestas y represión interna.
De acuerdo con reportes de organizaciones de derechos humanos, Mohammadi fue acusado de haber asesinado a un policía durante las manifestaciones registradas en noviembre pasado. Sin embargo, la sentencia también incluyó cargos como “enemistad con Dios” y supuesta colaboración con agentes extranjeros, en un proceso cuestionado por su falta de transparencia.
La ejecución se llevó a cabo en una prisión de la ciudad de Qom, considerada sagrada dentro del país, y según diversas fuentes, se realizó a puerta cerrada pese a que inicialmente se había planteado como pública. Junto a él también fueron ejecutados Mehdi Ghasemi y Saeed Davoudi.
Organismos internacionales han cuestionado los procesos judiciales, señalando ausencia de garantías, falta de apelación y denuncias de confesiones obtenidas bajo tortura.
Este caso revive preocupaciones similares a las surgidas en 2020 con la ejecución del luchador Navid Afkari, y vuelve a poner en el foco internacional la situación de los derechos humanos en Irán, así como el rol de organismos deportivos ante este tipo de hechos.



