“El hambre de triunfo era inmensa en todos los jugadores. Tenían la técnica, la condición, la voluntad y el dominio; el resto siempre se define en el instante que el resto no tiene previsto”. (Palabras de Joachim Low en una entrevista concedida al día siguiente de consagrarse campeón del mundo con Alemania.)

Escogí esta frase para empezar porque es corta en palabras, pero significativa en contenido, sobre todo si analizamos el momento, el contexto y el proceso que esconde. Joachim Low es el vigente seleccionador campeón del mundo y su éxito conseguido en el último mundial esconde un trabajo de paciencia, esfuerzo e inteligencia que a simple vista no se ve. Trabajo que se había iniciado 10 años atrás con Klinsmann.

Esto no es un análisis comparativo entre Alemania y Ecuador, y tampoco pretendo poner a nuestra selección en el mismo pedestal que la selección germana. Lo que busco es preponderar la importancia e influencia que puede llegar a tener un director técnico que no sólo dirige, sino que enseña y forma de manera inteligente. Un Low paciente, estoico, reconcentrado y que siempre sigue su marcha.

Cuando Low llegó al banquillo de Alemania, la selección teutona “sufría” de poseer un gran sistema de juego, pero que no le alcanzaba para consagrarse; quedándose siempre un paso por detrás de los títulos. Jugadores no le faltaban, tenían a: Philipp Lahm, Miroslav Klose, Per Mertesacker, Lukas Podolski, Bastian Schweinsteiger, entre otros. Sin embargo no alcanzaba. De manera inteligente, Joachim Low se dio cuenta de que él debía adaptar sus esquemas a estos jugadores, y que adicionalmente debía trabajar con cada uno de ellos para potenciar sus condiciones y ponerlas al servicio de todo el equipo. Él sabía que si lograba esto, la posterior integración de los talentos jóvenes sería más fácil, ya que los “mayores” se convertirían en sus líderes. No bastaba con tener las virtudes, había que mejorar técnicamente. Objetivo logrado.

Volvamos a nuestra esquina y quisiera centrarme una característica que a mi criterio es fundamental en un director técnico, sobre todo en estos tiempos. Y es aquí donde yo destaco la inteligencia y proyección de Gustavo Quinteros para enseñar y rescatar las mejores condiciones de cada jugador que tiene a su cargo. Quinteros es un técnico que se especializa en conocer en profundidad a su jugador, tanto en lo futbolístico, como en lo mental. Y no descansa ni escatima esfuerzos hasta lograr el objetivo que se ha propuesto con cada uno de sus futbolistas. Gustavo Quinteros no sólo dirige, sino que enseña. Es inteligente.

La mentalidad trabajadora de Quinteros le permite a la selección dar un paso más que hace mucho tiempo veníamos pidiendo. Es un cambio que irrumpe con un modelo que hace mucho había caducado. Llegó un momento en el que el juego de Ecuador se volvió predecible y repetitivo. Ya no alcanzaba.

Gustavo Quinteros sabe que a los jugadores ya los tiene, pero es su trabajo mejorarlos. Y entonces ahí él se centra en el trabajo. En el trabajo cuando está con ellos y cuando no. Aprovechar y sacarle ventaja a los avances tecnológicos que están a su disposición. Aprovechar el tiempo para observar, analizar y preparar lo que se va a hacer cuando se los vuelva a concentrar. Conversar mucho con los jugadores, crear ambiente y camerino, expresar sus ideas con liderazgo, conocer a los jugadores y poderse adaptar a ellos y que ellos se adapten a él.

Es un proceso de trabajo y paciencia, y de saber que los resultados no se darán de un momento a otro. Es lograr el objetivo de dotar a la selección de una identidad, de un sistema sólido, que sea equilibrado y efectivo. Se trata de trabajar para obtener el mejor rendimiento colectivo de un grupo que ya tiene las condiciones, pero que necesita recuperar la confianza y la sorpresa.

Quinteros viene con hambre de gloria y sabe que un proceso requiere siempre de preparación táctica, física y mental.

Por: Ab. Sylvia Meneses Echeverría
Máster Internacional en Gestión y Marketing Deportivo
Twitter: @pilumeneses

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