Este 2014 será recordado por haber sido el año en donde se jugó el campeonato ecuatoriano de fútbol más dramático de los últimos tiempos. Y es que llegar a la última fecha de la segunda etapa y ver que en cada uno de los 6 estadios se jugaba por algo importante, no es un detalle menor. Por ende, un torneo de tal magnitud no podía terminar de otra manera que con un Clásico del Astillero como gran final.

Más allá de toda la euforia, expectativa y todo lo que genera un Clásico, ambos equipos llegan en un gran nivel para esta finalísima. No soy partidario de aquella frase que dice “en los clásicos no hay favoritos”, pues normalmente siempre hay uno que llega mejor, pero en esta ocasión realmente no encuentro un favorito.

Si analizamos el factor psicológico, BSC llega con el ánimo por los cielos. Viene de ganar la segunda etapa y de que forma! viniendo desde atrás y ganando sus últimos 4 partidos. Si bien Emelec no llega mal anímicamente pues hizo un gran cierre de etapa, su meta era ser campeón sin jugar final y no se le pudo dar.

Futbolísticamente ambos llegan bien pero es indudable que el volumen de fútbol de los millonarios es superior a la de los canarios. Tiene más variantes a la hora de atacar, genera varias opciones claras de gol por partido y propone en cualquier cancha. BSC en cambio es un equipo que no se siente cómodo si le toca ir a buscar el arco contrario pero en cambio se hace muy fuerte a la hora de defender y contragolpear. Estilos completamente opuestos pero efectivos ambos.

Las finales suelen ser partidos muy cerrados y se definen muchas veces por decisiones desde el banquillo. En la parte estratégica, me parece que BSC tiene una ventaja con Rubén Israel. En estas últimas jornadas al uruguayo le faltó poco para convertirse en profesor de Cálculo avanzado, pues cada movimiento de su equipo fue pensado y calculado al extremo. Fue criticado por muchos por querer cerrar los partidos con mucha anticipación, pero los resultados reflejan que no se equivocó. En su defecto Gustavo Quinteros, que ha demostrado ser un gran entrenador, juega siempre de la misma manera, buscando al arco rival. Si le toca aguantar un resultado, le cuesta hacerlo por que no esta acostumbrado.

Un factor que podría ser determinante es el tema físico. En este rubro la ventaja indudablemente va para Emelec, que pudo descansar a su plantel en la última jornada mientras que BSC tuvo que extremarse hasta el final y con el aditamento que se jugó en la altura y al medio día. Al menos para la primera final, los azules llegan mucho más enteros físicamente, lo que podría pesar sobre todo en los últimos 20 minutos del partido.

Mentalmente, es un plus para BSC haber ganado los 2 últimos clásicos. Inclusive siendo superados futbolísticamente por Emelec durante gran parte de los partidos, encontró la forma de ganarlos. De la misma manera, para Emelec debe representar una barrera psicológica no haber podido ganarle a su rival de patio en la segunda etapa cuando hizo todo para hacerlo.

Es importante recordar que en los dos últimos clásicos, Emelec careció de un hombre gol y que su principal figura tampoco pudo estar en el partido jugado en el Capwell. Hoy la historia es distinta, pues los eléctricos cuentan con la vuelta de Miller Bolaños en plenitud física, y su número 9 Emanuel Herrera ha comenzado a responder anotando 5 goles en los tres partidos finales. Al menos en el papel, los azules recuperaron a dos jugadores que le pueden aportar en lo que le faltó en sus dos últimos duelos, goles.

Finales hay muchas y siempre son importantes, pero como la que se viene ninguna! Dos equipos de estilos distintos pero con el mismo gran objetivo, dar la vuelta olímpica y pasar a la historia. Que gane el mejor, pero por ahora gana el hincha, gana Guayaquil y gana el fútbol! Arriba el Astillero!

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