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Fuente: StudioFútbol

Mucho se ha hablado de la calidad y la pertinencia de jugar en canchas sintéticas en el Ecuador. Sobre todo después de las varias lesiones que se han suscitado en el ‘Chucho’ Benítez y lo estéticamente inusual de cómo se aprecia el campo y sus transmisiones televisivas. Sin embargo, el estadio del Parque Samanes tiene las certificaciones y recomendaciones FIFA para poder realizar eventos futbolísticos hasta Octubre del 2018.

Aquí surge la interrogante ¿Cuáles son los parámetros que se utilizan para poder medir la calidad y poder avalar canchas sintéticas para que se realicen partidos en estas?

Los parámetros principales son:

Absorbencia de choque: Se coloca un yunque en la superficie objeto de examen; en la parte superior del yunque hay el peso de una persona deportista “idealizada” y se dispone de un peso que caerá sobre el yunque. La fuerza que recibe el yunque corresponde a la combinación entre el peso y la absorbencia de choque natural de la superficie. A partir de aquí, los valores se expresan en % de fuerza recibida con relación a la reducción determinada o de fuerza.

Cuanto más alto es el porcentaje más suave es la superficie, y mayor es la capacidad de absorción de choque de la superficie. Un césped natural en buenas condiciones da unos valores que oscilan entre el 50 y el 70%. Un césped natural en condiciones “ideales” da unos valores entre el 55 y el 70%.

Deformación vertical: La estabilidad de una superficie mientras un jugador corre a través de ella tiene un efecto significativo sobre su modelo de zancada. Una superficie que se deforme en exceso da la impresión de ser inestable. Y en consecuencia, el jugador reducirá su zancada y su velocidad con relación a ello. Una superficie que no se deforma es dura, severa y causa de incomodidad. Medimos la estabilidad de una superficie por la capacidad que una superficie tiene para deformarse o darse de sí. Se deja caer un peso en un muelle colocado en un yunque (como en el Atleta Berlinés), pero el peso y el muelle son diferentes. En lugar de medir la fuerza, lo que en realidad medimos es la capacidad de deformación de la superficie en términos milimétricos.

Rebote del balón: Naturalmente, si un balón bota más alto de lo que el jugador espera, puede ser que falle a la hora de controlar ese balón o también puede que bote por encima de su cabeza o puede también botar demasiado bajo y pasar bajo sus pies. Es por tanto necesario medir la altura a la cual un balón bota cuando cae desde una cierta y específica altura a la superficie. El rebote vertical del balón se mide dejando caer un balón desde una altura determinada y midiendo entonces su altura de rebote. La proporción de la altura del bote con relación a la altura original se mide en porcentajes. Un césped natural dará valores que oscilarán entre un 25-45%, mientras que un césped natural “ideal” dará unos valores que oscilarán entre un 30 y un 40%.

Tracción: La superficie debe tener la suficiente Tracción como para permitir al jugador cambiar repetidamente de dirección. Al igual que sucede con la Resistencia de Deslizamiento, también aquí es necesario un límite inferior y superior suficientes porque si no el jugador perderá pie con facilidad y ello repercutirá en un aumento de la tensión y de las lesiones de tipo muscular, ligamento y articulaciones. Esta propiedad de la superficie se somete a medición con el empleo de un Aparato de Tracción. Según medidas realizadas, los valores de un césped natural son de 25-50 N.M. (Coeficiente de Tracción 1.2-1.8) para un buen césped y de 35- 45 N.M (“Newton metres”) para un césped natural “ideal”.