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Fuente: AS

Diciembre en Río de Janeiro es motivo de fiesta. Representa la llegada del verano, de las vacaciones, el calor, la playa, el fin de año en la arena de Copacabana y aquella sensación de que falta poco para el Carnaval. Un clima de euforia generalizada que la grada llena de Maracaná y Vinicius Junior compartieron la madrugada del jueves al viernes, cuando el delantero del Madrid tuvo la oportunidad de reencontrarse con la afición que le abrazó cuando tenía 16 años. Y que ahora, en su regreso en el Partido de las Estrellas de Zico, le volvió a recibir con idolatría. Como una estrella mundial.

El verano es el gran motivo por el que el parón de Navidad es tan celebrado por los futbolistas brasileños que actúan en Europa. Es una forma de escaparse del frío, disfrutar de las fiestas con la familia y reencontrarse con los amigos en uno de los muchos partidos benéficos organizados en el país por estas fechas. Vinicius jugó dos, el primero al lado de Neymar en Minas Gerais el miércoles, cuando marcó otro de estos goles improbables que se ha acostumbrado a marcar. El día siguiente se fue a su ciudad, Río, para disputar el partido benéfico más tradicional de estas fechas. El que Zico organiza en Maracaná desde hace 15 años. Leyenda de la canarinha y del Flamengo, el equipo más popular de Brasil, al Galinho le gusta reunir anualmente a estrellas de distintas generaciones en una fiesta que llena el Maracaná de alegría, ilusión y nostalgia.

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Desde que el Flamengo de Zico y Junior ganó la Intercontinental ante el Liverpool en 1981 y sirvió de base para la mágica selección brasileña de 1982, el club carioca fue durante años una referencia de cantera en el país. De allí salieron Djalminha, Adriano, Jorginho, Julio César, Sávio, Mozer y Zinho. Y el último en cargar con la responsabilidad de ser el “nuevo Zico” fue Vinicius, que ya debutó como un ídolo gracias a su magia con la Sub-17 y se fue al Madrid como el fichaje más caro de la historia de Brasil.

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El jueves, al lado de su ídolo, Zico, Kaká, Adriano y Junior, Vinicius no dejó de sonreír un minuto en campo e hizo delirar a la grada cada vez que tocaba el balón. Y el éxtasis llegó en el 38’, cuando Zico lanzó a Vini en el área. Ante Jorginho, hizo un bonito regate y remató raso a la izquierda de Germano. Con la sonrisa de un niño, el muchacho se olvidó del partido y se fue hacia la grada, lanzándose a los brazos de su hinchada. Vini terminó el partido cantando con un reportero de la televisión y fue ovacionado por sus ídolos. Una noche de verano inolvidable para la joya del Real Madrid.

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