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Fuente: Diario OLÉ (Argentina)

A la definición de la Libertadores entre River y Boca se la llamó de mil maneras: la final del mundo, final histórica, el gran superclásico, y hasta la final más larga de la historia. Y claro, entre el partido de ida (iba a disputarse el 10 de noviembre), y el segundo, hubo ¡casi un mes! Pero ojo, hubo un encuentro que duró mucho más. Fue hace varios años en España. Y no estamos hablando de una serie de ida y vuelta, sino de un match de 90 minutos.Desde que arrancó hasta el pitazo final pasaron ¡dos meses!

Para explicar por qué sucedió tal cosa hay que tener en cuenta el contexto. En 1977 España se encontrada en pleno proceso de Transición, porque acababa de finalizar la dictadura de Francisco Franco, y pasaba a restaurarse la democracia. En medio hubo asesinatos y atentados terroristas. De calma, poco y nada.

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El partido en que el Laredo recibía al Getxo debía disputarse el 23 de enero los Campos de Sport de San Lorenzo. Sin embargo, una invasión de hinchas locales al campo días antes provocó que el encuentro deba mudarse al estadio del Racing de Santander. El encuentro se vivió casi sin emociones, hasta que el minuto 38 de la segunda parte, el árbitro cobró penal para el Getxo por una mano dentro del área. Los jugadores se le fueron encima, y en la tribuna explotaron de bronca. Tras el tumulto el juez expulsó al capitán del Laredo, y cuando se calmaron las cosas se volvió al juego.

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Gonzalo, del Getxo, se dispuso a patear, y mandó la pelota afuera. Sin embargo, el árbitro cobró invasión del rival y ordenó que se repita. Los hinchas del local, muy calientes, ingresaron al campo en multitud y agredieron al juez. Tras la invasión se suspendió el juego, ¡a falta de 68 segundos! El Comité de Competición ordenó que el encuentro se reanude, se patee el tiro desde los 12 pasos y se complete el minuto y pico que restaba por jugar. Además, al Laredo le cobraron una multa y clausuraron (una vez más), el estadio.

Tras la suspensión, la calma en España parecía no llegar: un grupo terrorista secuestró al general Villaescusa, uno de los hombres más importantes de la dictadura, y se produjo la Matanza de Atocha, en la que asesinaron a cinco abogados. Además, el San Mamés, donde iba a disputarse a puertas cerradas, no estaba disponible. La fecha elegida fue finalmente el 23 de marzo. Sí, exactamente dos meses más tarde.

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Se reanudó desde el penal, y el Getxo cambió al ejecutante. Lo pateó Fernando López, y la pelota se fue afuera… Otra vez, al igual que dos meses antes, el juez ordenó que se repitiera. Esta vez no hubo público que invadiera, y al tercer intento, y dos meses más tarde, fue gol. Segundos después se produjo el pitazo final. El vicepresidente del Laredo, José Luis Alonso, lo definió como “un roboa mano armada”.