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José Antonio García Sirvent

Fuente: Mundo Deportivo

Antonio Conte es el líder de sus propios equipos. Su selección era ‘la azzurra de Conte’ y así en cada uno de sus proyectos. Por eso Conte para entrenar al Real Madrid necesita de Florentino Pérez una única garantía: que sea él quien mande en el vestuario, no los jugadores, no su capitán, no Sergio Ramos. Las declaraciones del capitán madridista tras el 5-1 en el Camp Nou en forma de aviso para Antonio Conte – “el respeto se gana, no se impone”- o la no menos elocuente “hemos ganado todo con entrenadores que ya conocéis, al final la gestión del vestuario es más importante que el conocimiento técnico de un entrenador” define la situación del vestuario y Conte no está dispuesto a que manden los jugadores.

Conte tiene claro que puede cambiar la situación del Real Madrid sólo siFlorentino Pérez le da el poder absoluto para poder manejar el vestuario tal como él ha hecho en los grandes equipos en los que ha estado. CuandoMarina Granovskaia, mano derecha de Abramovich, empezó a inmiscuirse en sus decisiones de vestuario, Conte dejo de sentirse cómodo y el equipo bajó de rendimiento. Con la selección azzurra, el entrenador creó un núcleo duro con los jugadores de la Juventus, con BonucciBuffon Chiellini como hombres fuertes, pero el líder siempre era él, que tenía el poder para organizar el trabajo y tomar las decisiones sin oposición de la Federcalcio. Para poder trabajar en el Real Madrid quiere el poder absoluto en el vestuario e imponer su fórmula de trabajo.

Curiosamente, el perfil futbolístico de Sergio Ramos encaja a la perfección en el ideario de Conte. Con Ramos el problema no sería futbolístico sino que el capitán debe acatar, como lo ha hecho en la selección española, un nuevo método de trabajo. Quizá sólo necesiten sentarse en una mesa para entenderse. Conte es de blancos y negros, un tipo muy del sur de Italia, que puede pasar del amor al odio en un segundo y que prioriza la fidelidad por encima de cualquier otra cosa. Por eso cierra sus vestuarios y no quiere que nadie se inmiscuya en su trabajo.

Conte impone duras y largas sesiones de trabajo táctico, siempre a puerta cerrada. Está obsesionado con la táctica tanto como con la dieta y el estado físico de sus jugadores. Perfiles de futbolistas como Isco encajan en su ideario siempre que el futbolista, netamente creativo, no olvide que está al servicio de un equipo: si te sales de la táctica no sirves.

Pero por encima de tácticas y dietas, Conte tiene claro que necesita garantías de que él manda en el vestuario.