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Fuente: MD

Endinson Cavani, como ya hicieron Romelu Lukaku y Ángel Di María, ha escrito una carta en The Player’s Tribune (web en la que los futbolistas de elite comparten experiencias en primera persona), en la que quiso compartir una íntima historia de cuando era niño. La carta va dirigida a él mismo cuando solo tenía 9 años y las confesiones son realmente emotivas.

“Le escribo estas líneas al chico que en el barrio todos llaman “Pelado”, empieza diciendo al tiempo que explica que la razón por la que le llaman así es porque de pequeño no tenía pelo y que el fútbol le ayudo a deshacerse “de ese sobrenombre tedioso”. Cavani habla de las carencias que pasó de niño: frío en invierno, una ducha precaria, las mudanzas sucesivas por falta de dinero para pagar el alquiler y el fútbol como sinónimo de alegrías. “Por supuesto que tú no eres un niño de la capital, Pelado. Los chicos de Montevideo viven en un mundo distinto. Un mundo que tú ni siquiera sabes que existe. Un mundo de botines Adidas, de viajes en auto y de pasto verde. En Salto, todo es diferente. Por algún motivo, todos quieren jugar descalzos. Algunos niños empiezan los partidos con calzado, pero después, en el medio tiempo, todos los botines están apilados en un costado y todos estarán corriendo descalzos. Si cierro los ojos ahora mismo, todavía puedo sentir el barro en la planta de los pies. Todavía puedo sentir a mi corazón latiendo, persiguiendo la pelota, soñando con el helado”.

Pero el jugador del PSG, que acabó lesionado el partido ante Portugal, también habla de los sueños y trata de recordar, sin suerte, cuáles eran su sueños cuando tenía nueve años. “¿Tu sueño es tener mucha plata, manejar lindos autos y dormir en hoteles elegantes? Bueno, Pelado, tendrás todas esas cosas”, pregunta y contesta. “Pero tengo que decirte algo. No necesariamente te harán feliz. Lo que tienes ahora, con nueve años de edad, es algo que ahora extraño muchísimo. No tienes una ducha caliente. No tienes un peso en el bolsillo. Ni siquiera tienes un buen pelo. Pero tienes algo más. Algo que no tiene precio. Tienes tu libertad”.

“¿Sabes cómo es la vida ahora, a los 31 años de edad? Vas de un hotel a un bus y de ahí a un campo de entrenamiento. Después del campo de entrenamiento a un bus y a un avión. Del avión vas a otro bus. De ese bus vas a un estadio. En muchos aspectos, estás viviendo en un sueño. Pero en muchos otros, también eres prisionero de ese sueño. No se puede ir afuera y sentir el sol. No te puedes quitar los botines y jugar en la tierra. Sucederán cosas que harán tu vida complicada. Es inevitable”.