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Fuente: StudioFútbol

La selección ecuatoriana complicó sus opciones de clasificación al Mundial, de una forma innecesaria, no por haber empatado en La Paz, sino por no haber podido corroborar desde hace ya algunos meses la campaña que en su momento llegó a tener a la Tricolor como escolta de Argentina en la tabla de posiciones.

Antes de desarrollar los porqués que bajo mi óptica explican la debacle de esta selección, cabe recalcar que el título de este artículo de opinión no tiene como objetivo desestimar ni desestabilizar la labor del DT Reinaldo Rueda. Es sólo un juego de palabras.

Sin perjuicio de lo anterior, Rueda sí tiene un importante grado de responsabilidad en la actualidad de la selección ecuatoriana. Cambios de estructura táctica con poca efectividad como salir ante Colombia sin referente de área o ante Bolivia con un centro delantero como media punta, convocatorias con jugadores faltantes (como Fidel Martínez) y sobrantes, carencia de agresividad ofensiva en partidos en que debió salir a buscar resultados desde el primer minuto, y cierta incapacidad para recuperar anímicamente a un grupo que a raíz de los malos resultados y la lamentable muerte de Chucho Benítez, no luce tan sólido mentalmente. Todos estos, entre otros, caracteres deficientes que la selección no mostró durante el climax que experimentó en las Eliminatorias.

Las falencias experimentadas por Ecuador en la fase final de estas Eliminatorias están a la vista: Un exceso de confianza enorme en la visita a Perú que desencadenó en una derrota que tenía precedentes en blanco y negro; los dos primeros puntos perdidos en el Atahualpa ante Argentina, en un partido en que la falta en la definición terminó por consumir las intenciones tricolores; una derrota digna ante Colombia que pudo ser un empate con algo más de certeza en la concreción (incluida la jugada del penal); y un empate con sabor a derrota ante Bolivia, en un partido que pudo tener una historia distinta con algo más de aplicación. ¿El balance? Dos puntos de doce posibles en este tramo crucial de la competencia; en contraste con la gran remontada de Uruguay.

Ecuador no le pudo ganar a Perú y a Bolivia en este último tramo, dos selecciones hoy eliminadas y con un poderío inferior al de los dirigidos por Rueda. Ecuador se complicó a sí mismo. Ecuador ha ido autodestruyendo sus posibilidades, que cabe recalcar aún no están extintas.

Fuerza mayor a varios niveles, como la larga lesión de Jayro Campos (por mucho, el defensa central que inspira mayor seguridad en el país cuando se encuentra al 100%) o la penosa y repentina muerte de Chucho Benítez (nuestro goleador que luce irremplazable a estas alturas), han deteriorado la solidez defensiva y la cuota goleadora de la selección, respectivamente. Bajones futbolísticos inesperados como los de Juan Carlos Paredes (otrora complemento ideal de Antonio Valencia, hoy inseguridad constante) y Felipe Caicedo (que al estar jugando poco en su club, llega a la selección falto de ritmo y ha disminuido su aporte goleador) han afectado a la selección, que no ha podido resolver satisfactoriamente estas carencias.

Puntualmente ante Colombia y Bolivia, los goles nacen de disparos de media distancia: Ante Colombia, Falcao y posteriormente James definió en la segunda jugada; ante Bolivia Arrascaita puso a ganar a los del altiplano desde una distancia importante. Trazando un paralelismo entre ambos goles, encontramos falta de presión en esa zona y falta de cohesión entre la zaga y la primera línea de volantes. Lo anterior se confirma al analizar la cantidad de disparos desde afuera que colocó Bolivia.

Ecuador ha sido, en ocasiones un equipo eficiente, que genera opciones de gol, es decir que cumple con el proceso colectivo o individual de llegar al arco rival; pero que lastimosamente no es efectivo, es decir que no tiene suceso al momento de reflejar su superioridad en goles, que al fin y al cabo son los que tienen a Uruguay con el mismo puntaje que Ecuador y a la Tricolor estancada.

A lo anterior, se suma el gran momento que vive la selección uruguaya, que goza de una gran jerarquía que le ha permitido salir adelante con mucha casta cuando parecía agotarse el argumento deportivo y jugadores de una calidad que nuestro suelo produce a cuentagotas, como Luis Suárez y Edinson Cavani. Para ser claros, si Uruguay no levantaba de la forma en la que lo viene haciendo, Ecuador jugando y perdiendo puntos como lo ha hecho, no sufría. Sin embargo, siempre se debe jugar mirando al retrovisor de vez en cuando y Uruguay ha hecho grandes encuentros de un tiempo hacia acá.

Rueda tiene poco tiempo para corregir, corre a contrarreloj, pero con la ilusión intacta, con un gol diferencia que hace pensar que alcanzaría con ganarle a Uruguay para sellar el pasaporte hacia Brasil, con un grupo de jugadores de gran calidad cuyas aspiraciones dependen de lo que se pueda lograr en Quito, dónde la última vez que Ecuador pudo vencer a los charrúas fue en 1997. Ecuador, a partir de ahora, tiene poco menos que una cita con la historia el próximo 11 de octubre.