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Fuente: StudioFútbol

El campeonato ecuatoriano de fútbol permite, por su sistema de competición, sacar conclusiones a mediados de año, teniendo como fundamento de argumentación un número muy considerable de partidos.

A partir de todo lo disputado y con posiciones ya definidas, queda claro que el gran ganador de la etapa es Emelec, pues clasificó a la final del torneo y a dos competencias internacionales para la próxima temporada, llevándose de esta forma todos los premios; y el más preocupado en el término de la etapa es Macará. Ese es el “qué”, pero el porqué necesita de mucha más argumentación que una tabla de posiciones y puntuaciones.

Emelec termina la etapa como ganador de la misma, a pesar de haber estado en la cuerda floja durante algún pasaje del torneo.

Sin dudas el arranque fulgurante del conjunto eléctrico se debió a una manera arrolladora de plasmar la idea de juego de su técnico en la cancha, por parte de jugadores que se encontraron en un altísimo nivel individual (Marcos Mondaini, Marcos Caicedo, Pedro Quiñónez, entre otros) y que fueron capaces de poner esa capacidad al servicio de un colectivo que llegó a funcionar como reloj suizo, pero que conforme fueron decayendo sus individualidades y se fueron develando sus falencias, fue a su vez sufriendo cada vez más para ganar sus partidos. Por momentos, Emelec cayó en una enorme carencia de variantes futbolísticas, lo cual lo volvió un equipo predecible, fácil de leer y contrarrestar; sin embargo, Gustavo Quinteros encontró una vez más en individualidades bien engranadas al resto del funcionamiento, la solución a varios líos de rendimiento que se le habían presentado: Fernando Gaibor, Ángel Mena, Osbaldo Lastra y John Narváez fueron varios de los hombres que entraron a la estructura de Emelec al final de la etapa para darle un segundo aire y generar un sprint final que le permitió consolidar su campaña.

Deportivo Quito vivió una etapa convulsionada, que pudo ser distinta si el plano mental del jugador chulla no hubiera sido perturbado por la situación que vivió el club fuera del rectángulo de juego. De la mano de la seguridad de Edison Vega en el medio campo, la claridad al momento de crear de Alex Colón y la contundencia de Federico Nieto, el Quito logró una gran campaña, que dejó la sensación de haber nadado contracorriente y ahogarse en la orilla, pues al final no pudo refrendar lo hecho a lo largo de la etapa.

Si hay un equipo que seguramente consiguió más de lo que mereció, fue Liga de Quito, porque aunque logró una gran cantidad de puntos, su funcionamiento nunca dejó una impresión satisfactoria y está por debajo de muchos en ese rubro. Es entendible la situación de Liga, pues contó con muchos jugadores recientemente incorporados, a los cuales les costó y les va a seguir costando asimilar el estilo de juego impartido por Bauza; pero, paradójicamente terminó muy arriba en la tabla, sin gustar.

Barcelona es un caso extraño en el torneo, porque con una gran plantilla capaz de conformar un buen equipo que a su vez arroje pasajes de buen fútbol, cayó presa de sus emociones y aquella embriaguez psicológica generada por el titulo 2012, lo que provocó una reacción tardía en el campeonato, cuando ya buena parte de la etapa estaba consumida y se le iba como arena entre los dedos. Sin perjuicio de lo anterior, la reacción de Barcelona fue fantástica y luego de haber recompuesto incluso su sistema táctico, logró consolidar una estructura, afianzar un estilo en base a los jugadores con que contó y de esa forma generar una cadena lógica que concluyó con resultados favorables en las postrimerías de la etapa. El equipo amarillo deja una clara imagen de que tiene con qué pelear la segunda etapa y meterse a la final luego una recuperación que mete miedo a sus rivales.

Si habría que realizar una mención especial en esta primera etapa, considero que se la lleva la Universidad Católica, equipo que sin generar mucha expectativa al inicio, terminó siendo uno de los grandes animadores de la etapa, con su juego basado en la tenencia de la pelota, la efectiva circulación de la misma, el buen toque y las altísimas implicaciones individuales de elementos como Federico Laurito, Andrés Mendoza y los hermanos Patta, sin discutir de ninguna forma que la estrella de la Chatolei fue siempre el colectivo.

Si hubo otro equipo que mereció un poquito más, fue Independiente, que con mucha juventud, velocidad, atrevimiento y buen trato del esférico, logró excelentes resultados que lo dejaron a las puertas una vez más. Tal vez, en un sentido amplio, la falta de experiencia de su plantel le terminó costando caro.

Los preocupados están al fondo, siendo Liga de Loja y Macará los equipos que buscarán mejorar fundamentalmente en su producción futbolística para alcanzar en la acumulada a los que vienen un poco más arriba, para escapar del fantasma del descenso. Probablemente los lojanos merecieron algo de mejor suerte, pues no tienen un mal plantel; mientras que los ambateños fueron víctimas de sus propias limitaciones futbolísticas durante toda la etapa.

Así termina la primera etapa, con un diagnóstico favorable para unos, preocupante para otros, pero que será definitivo recién en diciembre, cuando podremos seguir abonando razones y emitir argumentos concluyentes acerca del porqué del porvenir de cada club.