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Fuente: StudioFútbol

Deportivo Quito, un club en crisis sin lugar a dudas, una institución sumergida en deudas y pagarés que no puede cumplir por la grave situación económica que atraviesa. Definitivamente, una víctima de los malos e irresponsables manejos dirigenciales de muchos personajes que pasaron por sus escritorios con el correr de los años, dejando muchos de ellos réditos deportivos a cambio de letras vencidas; otros, sólo estas últimas. 

El equipo de la capital de la república que tuvo que ver como su símbolo, tal vez el más grande de su historia, se marchaba a la orilla de enfrente, casi que huyendo de una realidad financiera que como fantasma perseguía al club de sus amores, buscaba hundirlo y hasta amenazaba con la pesadilla de la quiebra.

El Quito, aquel que de la mano y firma de su actual dirigencia infló su presupuesto con jugadores caros que persiguió en el mercado (casos Jorge Guagua, Fabián Carini), aquel que peleó con varias de las chequeras más fuertes del fútbol nacional por jugadores como Alex Colón y Luis Checa, aquel equipo que buscó hasta la saciedad los servicios de David Quiroz, Félix Borja, Joel Valencia y Oswaldo Minda, ninguno de estos baratos. Aquel club cuya historia, hinchada y jugadores no tienen la culpa de vivir la realidad financiera a la que apenas y sobreviven. 

Pero mientras la lista de acreedores crece semana a semana en la FEF, todos somos testigos de cómo crecieron también, el pundonor, las ganas, el amor por su profesión y sobre todo la autoestima de un grupo de jugadores que no sabe lo que es recibir un cheque en este 2013, pero que tampoco sabe lo que es perder en el campeonato; un grupo que decidió jugar por algo que pesa más que el metal, decidieron jugar y ganar por su orgullo, por sus familias, por la hinchada y por su profesión, como manifestaron sus portavoces. 

Salieron a la cancha sin un dólar en el bolsillo, pero con oro en el corazón, siendo un verdadero ejemplo los jugadores del Quito, que nos recordaron que todavía se puede jugar fútbol profesional sin la presión de la cuenta del banco. Digno, todo esto, de un reconocimiento, el cual pienso que se lo está dando la opinión pública pero que tendrá su eco en el futuro cuando el hoy niño que es hincha del Quito, le diga a su hijo: “Yo vi a mi equipo ganar por la camiseta”. 

Lejos de tener algún apego personal por el Deportivo Quito, pienso que es importante resaltar lo luchado por sus jugadores, que a lo largo del torneo han logrado gran solidez defensiva, excelente generación de fútbol en mediocampo y destacada contundencia en la delantera, quedando hasta el momento como el único invicto del torneo, y desde ya, como una de las grandes historias que dejará el campeonato, todo basado en un despojo casi total del sentido comercial de su profesión y la entrega fortalecida por su orgullo.